Laura Newton

Laura es madre de una hija y de una sobrina. Se mueve por la ciudad en moto, repartiendo encargos. Ha trabajado en imprentas, laboratorios, bodegas, almacenes, clubes y eventos.

Con la voz dulce que tiene, dice que se siente como un queso: está llena de huecos, de heridas, de lagunas, de pérdidas, de preguntas sin respuesta. Lo que no dice, pero es evidente, es que es una Frida Kalo bogotana que a punta de voluntad mantiene unidos sus huesos rotos y a la que en las heridas le han crecido flores.

En su aliento se adivina la urgencia de respuestas con la que vive, el afán por saber, por entender lo que ocurre en el mundo. Ha estudiado secretaría, contabilidad, belleza, mecánica, seguridad, memoria y paz. Ahora anhela aprender derecho.

Un hilo de pensamientos tan cuidadoso como el trazo que delinea su mirada, la lleva a hacerse preguntas importantes. ¿Los victimarios – las victimarias – lo son simple y totalmente? Su experiencia desdibuja los límites que separan a éstas de las víctimas y la lleva a pensar en la necesidad de una Justicia que entienda de la complejidad de las vidas humanas.

Recuerda que a las primeras reuniones de Mujeres Libres, cuando aún la organización no tenía ni el nombre, llegó arrastrándose. Ahora somos otra cosa. Ella, que ha sobrevivido a todo y a todos, considera que su aporte principal a las actividades de incidencia de la organización es visibilizar las necesidades en salud mental de las personas en prisión y como el Estado, no sólo no garantiza una atención mínima, sino que profundiza el sufrimiento de quienes necesitan ayuda. Para hablar de otros temas aún no está lista.

Se despide con una enorme sonrisa en la cara. Y acelera la moto mientras el viento eleva sus aladas muñecas del suelo.

Quiero saber de todo.

Relato creado por Ana María Cerón Cáceres